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Desmitificando las objeciones comunes sobre los planes de gastos finales

Hablemos claro: nadie quiere pensar en su propia muerte. Es incómodo, da miedo, y preferimos dejarlo para después. Pero justo ahí está el problema: ese “después” a veces nunca llega, y quienes terminan pagando el precio son nuestras familias.

He escuchado prácticamente todas las excusas (sí, excusas) que existen para no contratar un plan de gastos finales. Y mira, las entiendo. Yo mismo he pasado por ese proceso de negación. Pero después de ver tantas familias luchando para juntar dinero mientras intentan despedir a un ser querido, tengo que ser directo contigo.

Aquí van las objeciones más comunes y por qué, con todo respeto, no tienen mucho sentido.

“No me interesa”

Claro que no te interesa. ¿A quién le interesa hablar de su muerte? Pero el problema es que ignorar algo no lo hace desaparecer.

Todos vamos a morir. No hay vuelta que darle. Y cuando eso pase, alguien va a tener que pagar los gastos. La pregunta es: ¿quieres que sean tus hijos? ¿Tu pareja? ¿Tus hermanos?

Porque déjame decirte algo: en el momento más doloroso de sus vidas, lo último que necesitan es andar sacando cuentas de dónde van a sacar $10,000 o más para el funeral. Y sí, así de caro es.

No planear no es una opción. Es simplemente decidir que otros van a cargar con tu responsabilidad.

“No me lo puedo permitir”

Esta es la que más me duele escuchar, porque entiendo que muchos viven con lo justo. Pero hagamos números reales:

  • Un funeral básico cuesta entre $8,000 y $9,000 dólares
  • Si sumas cementerio, lápida y trámites, fácil llegas a $12,000 o más
  • Las funerarias NO dan facilidades de pago. Quieren el dinero completo antes del servicio.

Ahora dime: ¿tu familia tiene $10,000 guardados para esto? Porque si no los tienes tú, ellos tampoco.

Un plan de gastos finales puede costar menos de $30 al mes. Menos de lo que gastas en cable o en salir a comer. Y ese dinero pequeño que aportas ahora evita que tu familia tenga que pedir prestado, hacer colectas en Facebook o meter las manos a sus ahorros (si es que tienen).

La verdad incómoda: no puedes darte el lujo de NO tenerlo. Porque la única alternativa es más cara y le toca pagarla a los que amas.

“Ya tengo seguro”

Perfecto. Me alegra que lo tengas. Pero déjame preguntarte algo: ¿de cuánto es? ¿$50,000? ¿$100,000?

Ese seguro está pensado para reemplazar tu ingreso, pagar la casa, mantener a tus hijos. No para que se lo gasten en flores y ataúd.

Si usas parte de ese dinero en el funeral, estás quitándole a tu familia recursos que necesitan para seguir adelante. Es como robarte de tu propio bolsillo para pagar otra cosa.

Un plan de gastos finales es específico: paga el funeral y punto. Así tu seguro de vida grande queda intacto para lo que realmente importa: que tu familia pueda vivir sin ti.

Son dos cosas diferentes. Ambas necesarias.

“Quiero pensarlo”

¿Sabes cuántas veces he escuchado esto? Cientos. Y sabes cuántas de esas personas realmente vuelven a retomar la conversación por su cuenta? Muy pocas.

No es que sean malas personas o irresponsables. Es que este tema incomoda tanto que es facilísimo posponerlo. “La próxima semana”, “el mes que entra”, “cuando tenga un poco más de tiempo”.

Mientras tanto, los días pasan. Y nadie tiene garantizado el mañana.

He visto familias destrozadas porque papá o mamá “lo iban a hacer” pero nunca lo hicieron. Y ahora están en la funeraria, con el cuerpo de su ser querido esperando, sin saber cómo van a pagar.

No seas parte de esa estadística. Si ya estás leyendo esto, ya lo pensaste suficiente. Ahora toca actuar.

“Tengo que hablarlo con mis hijos”

Mira, tus hijos te aman. Y precisamente por eso NO quieren hablar de esto contigo. Les incomoda, les duele, y probablemente te van a decir “ay no te preocupes, nosotros lo pagamos” solo para cerrar la conversación.

Pero ¿de verdad quieres ponerlos en esa posición? ¿Quieres que además del dolor de perderte tengan que andar consiguiendo dinero, pidiendo préstamos o vaciando sus cuentas?

Tú eres el padre, la madre. Esta es TU responsabilidad, no de ellos. Y resolverlo tú mismo es el último gran acto de amor que puedes hacer por ellos.

Créeme: el día que les digas “ya contraté un plan, ustedes no van a tener que preocuparse por nada”, van a respirar aliviados. Aunque nunca te lo digan.

“No quiero dar mi información”

Lo entiendo. Todos hemos escuchado historias de estafas y fraudes. Pero esto no es Netflix, es una aseguradora regulada.

Los pagos se hacen por ACH (débito automático), el mismo sistema que usan tu luz, tu teléfono y tu hipoteca. Está protegido por el gobierno federal. Tu banco solo envía el pago el día que TÚ elijas, y puedes cambiarlo cuando quieras.

Las aseguradoras serias se juegan su licencia en esto. No van a arriesgar todo su negocio por hacerte algo indebido. Tu información se usa para establecer la póliza y para que tus beneficiarios puedan cobrar. Punto.

Si confías tu información al banco, al médico y a la tienda en línea, puedes confiarla a una aseguradora legítima. Porque sin esos datos, simplemente no hay forma de proteger a tu familia.


Palabra final

Todas estas objeciones tienen algo en común: son formas de evadir una realidad que no queremos enfrentar. Y lo entiendo, de verdad.

Pero aquí está la cosa: el amor no solo se demuestra en vida. También se demuestra en cómo dejamos las cosas cuando nos vamos.

Dejar un plan de gastos finales no es ser pesimista o morboso. Es ser realista y responsable. Es decirle a tu familia “los amo tanto que no voy a dejarles esta carga encima”.

No esperes a que sea tarde. No esperes a que tu salud empeore y ya no puedas calificar. No esperes a que el precio suba.

Hazlo hoy. Hazlo por ellos. Porque el día que faltes, tu familia va a tener suficiente con el dolor de tu ausencia. No necesitan además el peso de una deuda de miles de dólares.

Tu tranquilidad y la de ellos no tiene precio. Y está a solo una decisión de distancia.

¿Listo para proteger a tu familia?

No tienes que hacerlo solo. Y tampoco tienes que decidir todo hoy mismo, pero sí tienes que dar el primer paso.

Agenda una consulta gratuita y sin compromiso. Te voy a explicar exactamente cómo funciona, cuánto cuesta según tu situación, y vamos a encontrar un plan que se ajuste a tu bolsillo. Sin presiones, sin letra chica, sin trucos.

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Recuerda: cada día que pasa sin protección es un día de riesgo para tu familia. No dejes que el miedo o la postergación te ganen.

Dale a tu familia el regalo de la tranquilidad. Ellos lo merecen, y tú también.

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